El Rock del Piruchero
1.
Piruchero está acostado en el diván del consultorio mirando el techo. No dijo ni una palabra desde que empezó la sesión. Piruchero siempre tarda en empezar a hablar (se toma los primeros diez o quince minutos para reflexionar mirando el techo). Esta es la tercera sesión desde que inició la terapia y el gordo nunca estuvo muy cómodo en ese diván ni en ese consultorio, sentía los ojos de la terapeuta clavados en su cabeza. De pronto la Psicóloga dejó su poltrona de cuero negro y se sentó en el borde del diván; le desprendió todos los botones de la camisa y empezó a darle besitos en el pecho. El Piruchero primero se sorprendió, pero luego aprovechó la situación para subirle la minifalda y mirarle la bombacha negra.
Piruchero es un gordo que se desempeña profesionalmente como chofer de autos de alquiler (él se considera a sí mismo un “remisero”). En sus treinta y nueve años nunca había mantenido relaciones sexuales con ninguna mujer y por ese motivo decidió iniciar un tratamiento psicológico. Ambos se desnudaron rápidamente. El gordo le abrió las piernas a la psicóloga, arriba del diván tapizado con una cuerina símil piel de leopardo, y la miró con gran curiosidad.
Piruchero nunca había estado tan cerca del sexo de una mujer. Vio muchas fotos en revistas y en la web, pero nunca había visto una vagina así, en vivo y en directo, tan cerca de su nariz. Esta situación completamente imprevista le provocó una gran excitación (al gordo se le puso dura como una roca). La Psicóloga es psicóloga psicoanalista de orientación lacaniana y experimeta audaces técnicas terapéuticas con sus pacientes.
- Póngamela bien adentro, que me gusta, dijo excitada, sin perder el tono profesional y académico que la caracteriza. El gordo la escuchó pero no dejó de chuparle las tetas. La Psicóloga se quejó por la torpeza del gordo y por sus rudos modales, pero igual se acomodó arriba del diván y lo miro lascivamente, invitándolo a penetrarla.
Piruchero introdujo su pene con fuerza en la húmeda concavidad de la lacaniana y empezó a mover bruscamente su pelvis, para adelante y para atrás.
- No acabe! gritó la licenciada. Se desprendió del gordo y corrió hasta un mueble chino que está frente al diván. Abrió una de las puertitas laqueadas y sacó un papel metalizado mientras el gordo se apretaba los huevos para no eyacular. La Psicóloga abrió cuidadosamente el papel que contenía un polvito blanco y brillante. Metió la nariz en el papel y aspiró profundamente.
- Huela esto que está rico! El gordo la imitó sin saber bien porque lo hacía, ni tampoco sabía qué era ese polvo, aunque sospechó que se trataba de una sustancia tóxica.
Por el ventanal del consultorio entraban los ruidos de la avenida Las Heras: las bocinas de los autos y de los colectivos, una lejana sirena de ambulancia y el sol de la tarde porteña.
El diván cruje por el peso de los dos cuerpos balanceándose. La merca los colocó en un estado de tal dureza que el polvo se hizo interminable, salvaje y perverso. Las uñas de la psicóloga dejaron surcos rojizos en la espalda grasienta del gordo, de la que brotaba una transpiración espesa y olorosa que impregnaba todo el consultorio.
Cuando Piruchero alcanzó el orgasmo vio estrellas rojas y verdes girar muy velozmente dentro de sus ojos, sintió pinchazos en la nuca y sus rodillas vibraron fuera de control. El gordo se masturbó diariamente durante más de veinte años sin sospechar nunca una sensación de placer y felicidad como la que el sexo de la psicóloga le dejó en todo el cuerpo. El remisero ahora está conmovido, emocionado, sensibilizado y agotado.
- Gracias… mi amor, alcanzó a decir mientras sus ojos se llenaban de lagrimas y besaba tiernamente la mejilla de la Psicóloga.
- No debería decir eso, señor Piruchero. Usted es mi paciente y no debe confundir el tratamiento con sus sentimientos, ni con sus afectos. Hoy empezó a dejar de ser un gordo imbécil, y eso no es poco por las pocas sesiones que tomó desde que inicio la terapia.
Sonó un teléfono celular. La psicóloga se disculpó y atendió (todavía estaba un poco agitada). El gordo se vistió sin apuro y el consultorio de a poco se volvió a parecer a un consultorio. Antes de irse la Psicóloga le recordó al Piruchero que le adeudaba honorarios del mes anterior. El gordo se hizo el boludo, saludó con un escueto -hasta el jueves- y se fue.
La Psicóloga terminó de acomodarse la ropa y se dirigió hacia su escritorio de vidrio con estructura de caños metálicos esmaltados de negro. Prendió su notebook Sony Vaio y se conectó a la internet. El gordo se olvidó un zoquete abajo del diván. Cómo podría interpretar eso?
Volcó todo el contenido del papel metalizado arriba del vidrio, dibujó unas líneas con la ayuda de su tarjeta de crédito Visa y las aspiró ruidosamente, mientras el logo de Yahoo aparecía en la pantalla del monitor. Luego abrió otra puerta del mueble chino y sacó una botella de Chivas Regal. Se sirvió y lo tomó sin hielo en un vaso de vidrio ámbar. Después se metió en el baño y se duchó. El gordo vuelve el jueves a las quince y cuarenta, pensó. La Psicóloga tiene los ojos almendrados y los labios delgados, usa el pelo negro y corto, es atractiva, sensual y se perfuma con Allure de Chanel.
2.
El Piruchero abandonó el consultorio de su psicóloga confundido. No sabía si la amaba como no amó nunca a ninguna mujer, o si la odiaba por ser tan puta y tan cara. Pensó también en buscar un analista de sexo masculino para tratar sus serios problemas más racionalmente.
- y si le propongo casamiento a la licenciada? … todas las minas serán como esta psicóloga?... que loca de mierda!
Piruchero divagaba y caminaba por Coronel Díaz en dirección a la avenida Santa Fe. El gordo estaba contento y pensaba en contarle a sus amigos de fútbol cinco lo que ocurrió en el consultorio .Inmediatamente sospechó que sus amigos no le creerían nada y le pedirían que la corte con eso de ver tanta pornografía en internet. El gordo se pasaba horas en los cyber-cafes mirando sitios de contenido sexual y pornográfico. Piruchero es blanco de ácidos chistes sexuales por parte de sus amigos y compañeros de trabajo por sus dificultades para relacionarse con mujeres. Entró a la disquería Musimundo del shopping Alto Palermo a mirar las novedades en CD.
Piruchero se compró un compacto de Madonna. Lo pagó en la caja número tres y una chica uniformada sin sonrisa se lo entregó adentro de una bolsa de polietileno blanca graficada con el logo de Musimundo, junto a una factura por el importe del disco. El gordo salió de la disquería mirando su propia imagen, que se reproducía simultáneamente en mas de veinte monitores Sony de 17 y 19 pulgadas, alineados y apilados delante de la góndola de scanners e impresoras Epson.
El remisero abandonó el shopping y bajó directamente a la estación Bulnes de la línea D de subterráneos. Utilizó las escaleras mecánicas y una vez que llegó al anden se entretuvo mirando las imágenes transmitidas por la señal de SubTV. En el monitor veía al cómico Juan Verdaguer, de smoking y moñito, sentado en un taburete, hablándole muy seriamente a la cámara.
- El humor tiene tres temas fundamentales: la exageración, el grotesco y las suegras, y hablando de exagerados, yo tengo un amigo que se llama Lucas, que era tan tímido pero tan tímido que nunca se animo a darle un beso a su novia, nunca se animó ni siquiera a darle le mano y mucho menos a abrazarla. Un día se casaron y se fueron de luna de miel a Mar del Plata. Cuando estaban llegando, y las luces de la ciudad se veían a lo lejos, Lucas le apoyo la mano a su mujer en la rodilla (ella tenía puesta una pollera corta). - Lucas, ahora que estamos casados, si queres podes ir un poco más lejos. Pasaron la luna de miel en Necochea.
La imagen de video se congeló, el subte llegó a la estación, el gordo se subió en el primer vagón y se sentó. El chiste de Verdaguer le hizo recordar a su psicóloga y su psicóloga le hizo recordar que hacía apenas una hora había cogido por primera vez en su vida. Todavía no lo podía creer. Debutar en el sexo a los treinta y nueva años podría considerarse un debut tardío. OK, pero habría que considerar que desde los trece años el gordo entrenó solitariamente, con constancia y esmero para que su primera vez fuera como fue: grandiosa. Al remisero le quedaban algunas dudas, pero sospechaba que ese polvo blanco y brillante que la Psicóloga le convidó cuando cogían era cocaína.
El subterráneo circula por las entrañas tibias de la Ciudad de Buenos Aires en dirección al Rio de la Plata. Oficinistas, ejecutivos, empleadas, estudiantes y vendedores ambulantes comparten el vagón con el remisero. Un viaje urbano cuyo ticket (una tarjeta magnética), cuesta apenas un cuarto de dólar. Unos metros mas arriba del túnel, sobre el asfalto gris de la avenida Santa Fe circulan miles de autos en la misma dirección que ese subte.
3.
El baño es una nube de vapor. Un conjunto Caro Cuore de algodón celeste con vivos blancos y un protector diario fabricado por el laboratorio multinacional Johnson & Johnson esperan a la Psicóloga al lado de un toallón color rosa y de una bata del mismo color. El baño de ese departamento es alto, luminoso y esta completamente revestido de cerámicos blancos y negros en hileras horizontales sucesivas. Unas estatuillas egipcias que representan a los campesinos del Nilo en la época de Cleopatra decoran el baño. Las esculturas son de color marfil y están colocadas arriba de pequeños estantes de mármol blanco. El inodoro es negro y el bidet blanco.
Mientras se seca el pelo con un secador eléctrico, la psicóloga repasa mentalmente las actividades de las próximas horas: terminaría de redactar una monografía para el seminario de post-grado que esta cursando en la facultad de humanidades. Su maestría es sobre psicoanálisis y pedagogía (la psicóloga rastrea textos de Juan Carlos Indarts, un colaborador de Masotta, que publicó muy poco y tuvo una exitosa carrera académica durante los años setenta). Pensaba terminar de corregir la nota sobre web logs y comunidades online que le reclamaba con insistencia de un mail diario el editor de La Neurosis.
La Neurosis es un periódico en formato tabloide que se distribuye gratuitamente en hospitales y clínicas de la Ciudad de Buenos Aires, editado por un grupo interdisciplinario de intelectuales que impulsa el debate sobre la despenalización del consumo de tóxicos y estupefacientes en la Argentina y sobre la drogadependencia y su problemática social y jurídica. La Psicóloga, más que ganas de redactar y corregir notas, tenía ganas de tomarse otro Chivas. El scotch le recordó al gordo remisero por un segundo, y durante ese segundo le dolieron las tetas.
- Qué gordo bruto- pensó.
Salió del baño, cruzo el hall decorado con piezas geométricas de vidrio esmerilado y entró al consultorio. Eligió un viejo vinilo de Elvis Presley editado por RCA-Victor y lo hizo girar en una bandeja Technics. Se sirvió otro whisky y decidió ir al Morocco, un bar moderno del microcentro. Esa noche tocaban en el Morocco los Fascinados por el brillo. La lacaniana prendió el teléfono celular Nokia, buscó el número del radiotaxi en el display y apretó el send.
- Vamos hasta Hipólito Yrigoyen y Tacuarí- le dijo al taxista. La psicóloga eligió un vestido muy corto, con escote y transparencias. El taxi cruzó rápidamente la ciudad y la dejó en la puerta del bar. Aun era temprano. El DeeJay ambientaba con música lounge, un house sutil y bien elaborado con música de bandas pop de los ochenta . Todas las camareras del Morocco son travestis. Esta característica define la onda del lugar. Ellas están muy producidas y son muy atentas y simpáticas (inclusive se dejan toquetear un poquito para mejorar la propina). En la barra estaban Lalo Mir y la negra Vernacci, bebiendo, mostrándose y demostrando su histrionismo.
La psicóloga se sentó en una mesa y pidió un whisky doble sin hielo. La música empezó a sonar mas fuerte y las luces del bar se esfumaron. Un poderoso haz de luz amarilla proyectada por un reflector descubrió la silueta de un tipo joven esbelto y pelirojo, vestido con un traje de corte moderno tipo Armani, con sobretodo y sombrero. Se movía con un look recio y andrógino (onda David Bowie).
Una performance para amenizar la espera, pensó la chica psi, mientras bebía su escocés. El colorado se movía al ritmo de una versión remixada de Suterday Night Fever; había perdido el sombrero, el sobretodo, el saco y sus movimientos eran cada vez más sensuales, pero no se vulgarizaba. Se sacó el cinturón de cuero con tachas metálicas y empezó a jugar con sus pantalones amplios y muy pinzados. Tenía pinta de ser un chico adinerado por su estilo elegante y su actitud arrogante .
El performer dejó caer sus pantalones hasta la altura de sus tobillos para mostrarle al publico unos portaligas y unas medias red negras que cubrían sus piernas musculosas de jugador de fútbol (arriba lucía una impecable camisa rosa con gemelos dorados y un moñito azul eléctrico). Esa imagen gay le gusto a la psicóloga, que aplaudió con ganas el final de la actuación. El rubio le dedico una mirada y se fue por atrás de un telón.
El tercer whisky la hizo sentir más metida en el clima festivo y sexual del Morocco. En el salón donde iban a tocar los Fascinados por el Brillo había movimientos: entraba y salía gente con equipos, instrumentos y cables. Las camereras no paraban de distribuir alcoholes finos mezclados en vistosos cocktails, servidos en elegantes copas ornamentadas con guindas, frutillas y rodajas cítricas. El DeeJay hizo sonar la música grabada en el ultimo compacto de FatBoy Slim.
4.
Piruchero se gana la vida manejando un remise. Trabaja entre doce y catorce horas diarias, de las cuales siete u ocho está al volante de su Peugeot 405 gasolero, que tiene aire y dirección. El remisero va y vuelve al aeropuerto internacional de Ezeiza varias veces por día. La piel de las tetas de la psicóloga y su blandura no le recordaban ningún tacto conocido (el gordo no podía dejar de pensar en la ultima sesión de su tratamiento psicoanalítico).
Se bajo del subte en la estación Diagonal Norte y caminó en dirección a la salida. La cochera donde está estacionado el remise del Piruchero queda en el tercer piso de un garaje ubicado en Esmeralda y Sarmiento. El gordo saludo al empleado de la caja y subió por la escalera a buscar su Peugeot. El remisero prendió su radio Movilink, se reportó a la base y el operador de turno le dijo que estaba todo tranquilo y que podía tomarse su tiempo para llegar al (el próximo vuelo estaba anunciado para dentro de noventa minutos).
- Tengo tiempo para comer algo antes de empezar a laburar - pensó, mientras circulaba por Leandro Alem en dirección a la autopista 25 de mayo. El Peugeot transitó por la autopista hasta la intersección de Richieri y General Paz, donde se detuvo en una estación de servicio Shell. En el shop de la gasolinera el Piruchero pidió una hamburguesa, una cerveza y una birome. Se le ocurrió algo interesante para publicar en internet sobre su experiencia de esa tarde con su psicoanalista.
Negar la sucesión temporal / negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. / Nuestro destino no es espantoso por irreal; / es espantoso porque es irreversible y de hierro./ El tiempo es un río que me arrebata, / pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; / es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. / El mundo desgraciadamente, es real; / yo desgraciadamente soy el Piruchero.
El gordo siempre pensó que se iba a levantar una minita copada en el chat, o en la columna de comentarios de algún weblog. Sin embargo, lo máximo que había conseguido hasta ese día fue tocarle las tetas a una gorda descerebrada y morbosa, que accedió a encontrarse con él en un bar de Villa del Parque. Piruchero siempre quiso que las chicas vieran en él a un redactor viril, creativo como Manuel Puig, sexy como Antonio Banderas y valiente como Maxwell Smart (estaba seguro que sus textos le daban una imagen de antihéroe post-moderno).
- A las minas les importan las relaciones metafísicas del espacio y el tiempo, o solo piensan en tener una banana apretada entre las piernas? - el gordo reflexionaba mientras conducía su Peugeot por la autopista, en dirección al aeropuerto. Las dudas existenciales que lo asaltaban le impedían disfrutar a pleno esa noche de verano, la noche de su debut sexual. Recordó a su psicóloga y se puso de buen humor.
Prendió la radio-casette Philips de su auto y sintonizó la señal de la FM Urquiza que en ese momento pasaba una versión del conocido standard de Parker "Night en Tunisia" interpretada por el combo de Charlie Mingus, donde Chet Baker toca la trompeta. El gordo manejaba y miraba el cielo estrellado de La Matanza. Una luna bonaerense y suburbana alumbraba la autopista. Por arriba del Mercado Central vio pasar un avión que disparaba luces violetas y rojas.
El gordo pensó que el piloto de ese avión estaría mirando la ciudad como una alfombra repleta de puntitos brillantes; desde La Plata hasta el Tigre: miles de ordenadores prendidos, conectados y comunicados por destellos de luz, que rebotan en los espejos de los satélites que las compañías de telecomunicaciones multinacionales ponen en órbita y hacen girar alrededor del Ecuador.
El solo de trompeta de Baker fue glorioso, como su polvo.
5.
La Psicóloga agarró su monedero-carterita y fue hasta el sanitario. En el Morocco, como en casi todos los bares modernos no hay sanitarios por sexo, los toilettes se comparten por todos los sexos (es muy difícil distinguir los sexos entre los habitues del Morocco). La Psicóloga abrió la puerta del baño y sorprendió al pelirrojo performer (que había actuado hace unos minutos) besándose apasionadamente con un gordo vestido con un traje de lana verde agua, una camisa beige y una corbata de seda al tono. La pareja no se inmutó y siguieron con lo suyo, después de mirar de reojo a la lacaniana.
La Psicóloga pensó que ese sanitario estaba muy concurrido como para tomarse una línea. Sacó de la carterita un lápiz de labios y se retocó la pintura de la boca. La chica psi salió del baño mientras sonaba el corte de difusión del ultimo disco de Emanuel Horvilleur. En el bar se respiraba una atmósfera festiva. El Morocco estaba repleto, había gente por todos lados y de un momento a otro iban a tocar los Fascinados por el Brillo.
La psicóloga sonreía y coqueteaba con todos los tipos que la miraban. De pronto se apagaron las luces y por unos segundos solo se escuchó el murmullo del publico en la oscuridad. Un reflector iluminó a cuatro tipos cuarentones que entraron por un costado del escenario. Un pelado con arito se sentó atrás de una batería Pearl negra; un flaco de camisa violeta y barba de un par de días tenía colgada una Gibson Les Pauls negra. El bajista lucía una remera blanca con la cara del Capitán Piluso estampada en azul; usaba anteojos negros y tenía un Rickembaker de cinco cuerdas. El ultimo fascinado entró con un clarinete agarrado con las dos manos, se acercó al micrófono y dijo:
- Este show está dedicado a las chicas atorrantas que bailan hasta el amanecer-
Inmediatamente marco la velocidad del tema contando hasta cuatro y la banda arrancó con una vibrante versión funker de la cumbia "El Orangután" de Chico Novarro .
- …El orangután y la orangutana, el orangután y la orangutana. Estaba el orangután meciéndose en una liana, estaba el orangután meciéndose en una liana, cuando llego la orangutana y le agarro la banana...-
La banda sonaba fuerte y compacta. La gente bailaba y se divertía. La Psicóloga bailaba con un yuppie de saco y corbata que la convidó con Pomery. Ambos se movían sensualmente. El segundo tema de los fascinados fue una versión rockabilly, muy acelerada, del del famoso y televisivo dibujito titulado El Correcaminos.
-... si vas por la carretera y escuchas un Bip Bip...-
La banda agitaba al público del Morocco tocando a media maquina, sin despeinarse. La psicóloga y su amigo yuppie tenían contactos físicos "involuntarios", roces casuales. Un cover de Chuck Berry, al estilo early-Beatles, fue el tercer tema de la lista que la banda eligió para su presentación en el boliche gay del downtown porteño. La Psicóloga, su yuppi y el resto de la concurrencia bailaban y bebían al ritmo rocker de Roll Over Beethoven.
- … I'm gonna write a little letter, gonna mail it to my local DJ. It's a rockin' rhythm record, I want my jockey to play. Roll Over Beethoven, I gotta hear it again today. You know, my temperature's risin' and the jukebox blows a fuse. My heart's beatin' rhythm, and my soul keeps on singin' the blues. Roll Over Beethoven and tell Tschaikowsky the news. Roll Over Beethoven rockin' in two by two... Long as she got a dime the music will never stop...Roll Over Beethoven and dig these rhythm and blues... Oh yeah!!…-
6.
Piruchero recibió a su pasajera con una sonrisa y después de saludarla levantó el equipaje y lo llevó hasta su auto. Mientras caminaban por el pasillo del nuevo espigón internacional, el gordo miró de reojo a su clienta y pensó que podía ser alemana o sueca. La mina era rubia, alta, tenía un buen lomo y el inglés que utilizó para saludarlo le resultó duro y raro. Piruchero acomodó el equipaje en el baúl del Peugeot 405 gasolero e inmediatamente después le abrió gentilmente la puerta a la rubia, quien le agradeció con una sonrisa. La autopista tenía poco transito a esa hora de la madrugada.
Amanecía en Buenos Aires y los rosados, los fucsia y los naranjas predominaban en el cielo suburbano de La Matanza (los techos de chapa brillaban bajo la primera luz). Piruchero piloteaba y pensaba en internet. La rubia que transportaba en la cabina de su auto le hizo acordar a una foto sexy que vio en Pescado Rabioso, un blog con fotos de minas en bolas y comics. El gordo divagaba y de vez en cuando espiaba a la rubia por el espejo retrovisor.
La mina tenía puesta una mini y el gordo alcanzaba a mirarle la bombacha blanca y transparente (la mina viajaba con las piernas abiertas). Piruchero se empezó a calentar y entonces decidió prender la radio para distraerse y pensar en otra cosa. La rubia tenía muy buenas piernas. En el equipo Philips con radio FM sonó una emotiva versión acústica en vivo de "My Sweet Lord" cantada por su autor (quizás el guitarrista rocker más grande de la historia del pop).
El Peugeot 405 salió de la autopista 25 de mayo en la bajada de la avenida Leandro Alem. Piruchero manejaba y miraba a su pasajera por el espejo retrovisor. La rubia viajaba en el asiento de atrás del remise y miraba por la ventanilla el paisaje urbano de la Ciudad de Buenos Aires. En un momento la rubia, que se había dado cuenta de la curiosidad del chofer, abrió las piernas y se subió un poco la minifalda para que el remisero tuviera un panorama óptimo de sus muslos y de su bombacha blanca. Esta situación provocó que el gordo se distrajera durante dos o tres segundos (se quedó pegado con la imagen del espejo y dejó de mirar hacia adelante). Un colectivo de la línea 152 hizo sonar una poderosa bocina cuando el choque entre los dos vehículos parecía inevitable.
Piruchero volanteó demostrando sus excelentes reflejos, pero no pudo terminar de controlar su Peugueot, que hizo un semitrompo y se detuvo con una ruidosa frenada unos metros más adelante, con la trompa en dirección contraria a la de la circulación de la avenida Alem y el motor apagado. Pálida por el susto, la rubia le sonrió a Piruchero y se acomodó en el asiento, cruzó las piernas y se puso un bolsito de mano arriba de su falda.
El gordo avergonzado intentó unas disculpas en inglés, chequeó que no hubiera un agente de la policía de transito en las cercanías, puso en marcha su auto y continuó su viaje hacia el Sheraton hotel. Cuando llegaron al hotel un maletero disfrazado de gentleman con galera, abrió el baúl del remise y ayudó a la pasajera a bajar su equipaje.
La rubia le pagó al Piruchero con un billete de cien dólares y no le aceptó el vuelto. Se despidió con una sonrisa y un bye bye (el traslado post aéreo Ezeiza-Retiro cuesta doce dólares). El remisero se quedó sorprendido y contento con esa propina y decidió no trabajar mas por ese día. Se comunicó con la base por intermedio de su handy, informó desperfectos mecánicos en su móvil y se dirigió a un bar cercano a la plaza San Martín para tomar un desayuno. Ya era de día y el sol iluminaba las torres vidriadas del microcentro porteño. El gordo dejó el Peugeot en una playa de estacionamiento cubierta de la calle Paraguay.
7.
En el Morocco cambió el DeeJee y ahora la psicóloga baila con su amigo yuppie música pop de los ochenta: Madonna, Police,Duran Duran, Culture Club, Michael Jackson y Prince mezclados con algo de soul y funk de los setenta.
- Vamos a mi auto, este lugar ya fue- le dijo a la lacaniana el yuppie del traje elegante.
La Psicóloga dejó que su amigo nuevo la lleve de la mano hasta la puerta del bar. Luego caminaron por la calle Hipólito Irigoyen hasta la esquina donde esta la entrada del garage (parking). Bajaron por un ascensor metálico (tipo montacargas) hasta el segundo subsuelo donde está estacionado un Jaguar color negro de dos plazas, modelo 2004. Ingresaron a la cabina y adentro del auto se miraron durante unos segundos sin hablar. La cabina del Jaguar está revestida en cuero negro, el volante y todos los detalles son de madera.
- Mirá lo que tengo acá…- el yuppie se desprendió los botones de la bragueta y exhibió obscenamente su pene. La psicóloga se acercó al pene sin dejar de mirar los ojos del chico elegante (decidió darle unos besitos). El yuppie acusó el contacto de los labios y se endureció aun más. El chico transpira y las gotas corren por su cara y caen sobre la cabeza de la psicóloga que no para de besarlo.
- Me haces doler con los dientes...
- Perdoname…
Esto le pasa a la licenciada solo cuando esta alcoholizada. El chico se puso caliente y le metió la mano por abajo de la bombacha (encontró la superficie áspera del protector diario). Atrás del protector tocó los pliegues húmedos, blanditos y peludos de la vagina de la psicóloga, que no ofrecieron ningún tipo de resistencia a sus dedos. El yuppie transpira y pierde el control de una rodilla que se mueve y choca contra la palanca de cambios. Una luz los encandila por un segundo y se asustan. Un tipo de seguridad uniformado, con una linterna en la mano los mira como un idiota. El chico baja el vidrio de la ventanilla del Jaguar y le dice
- Querés subir ? … podemos hacer una fiestita y divertirnos los tres... esta minita esta rebuena –
La psicóloga aprovechó la situación para meter la cabeza entre sus propias rodillas y así, media escondida, aspiró toda la merca que quedaba en su papeleta.
- Si no se van ya mismo llamo a la brigada… porque no se van a coger a un hotel?
El de seguridad se alejó hablando cosas que en el Jaguar no entendieron. En la lujosa cabina sonaba un CD de The Clash (Sandinistas!).
- Me siento mal, me voy a desmayar- dijo pálida la licenciada – el corazón me late a mil…llama un medico-
- Me estas jodiendo?-
- Me siento mal, no puedo respirar-
El yuppie se asustó (la psicóloga tenía los ojos desorbitados y respiraba con dificultad). Marcó en su celular el numero del SAME (servicio gratuito de emergencias de salud de la Ciudad de Buenos Aires) y le dijo al operador telefónico que lo atendió que una joven estaba descompuesta. Le pasó la dirección del garage, puso en marcha el auto, subió hasta la planta baja donde están las cajas, pagó, salió de las cocheras y en la calle se detuvo. Sacó a la psicóloga del Jaguar, la cargó hasta la puerta del garage y la dejó tirada en la vereda. El yuppie miró para todos lados y no vi a nadie. Se subió rápido a su auto importado de Inglaterra y se fue acelerando en dirección al bajo.
La psicóloga estaba como dormida en la vereda, con los ojos abiertos, respiraba por la boca y transpiraba. Tres minutos después que se fue el Jaguar llego una ambulancia Renault con el logo del SAME y dos paramédicos a bordo, quienes recogieron a la psicóloga y la trasladaron hasta el servicio de guardia del Hospital Fernández (donde ingresó con respirador, suero y sin conocimiento).
8.
Piruchero camina por el microcentro y piensa en su ultima pasajera que le dejo casi ochenta dólares de propina. El remisero tiene puesto siempre un traje oscuro, una camisa blanca y una corbata con el logotipo de la agencia de autos de alquiler para la que trabaja (se especializan en traslados pre y post aéreos, y además alquilan kombis y minibuses). Piruchero tiene 25 kilos de sobrepeso. Obviando este detalle podría pasar por un tipo agradable con un look ejecutivo . Pero su gordura y su pelo siempre despeinado le dan la imagen exacta de remisero porteño. Nunca fue muy prolijo. El gordo siempre anda con los zapatos sin brillo, el saco arrugado, el cuello de la camisa desarreglado y el primer botón desabrochado; el nudo de la corbata flojo y una barba mal afeitada de tres o cuatro días.
En cambio su Peugeot gasolero siempre esta impecable, por adentro y por afuera. Piruchero es un buen profesional. Hace mas de diez años que traslada hacia y desde el aeropuerto de Ezeiza a ejecutivos, artistas y políticos de Buenos Aires. Esta considerado como un laburante “del oficio” por sus compañeros de la agencia. Además de reconocer su profesionalismo, sus compañeros le hacen menciones irónicas (y a veces crueles) sobre sus dificultades sexuales (por esas dificultades el gordo consultó a la psicóloga).
Piruchero disfruta su mañana en el microcentro. Caminó por Florida hasta la Plaza San Martín y ahí se sentó en un banco de madera que esta debajo de un gigantesco gomero histórico. En esa misma plaza, en el año 1990, se construyó el monumento que conmemora a los héroes argentinos caídos en la guerra del Atlántico Sur de 1982; justo frente a la Torre de los Ingleses (una torre monumental con reloj, que el Reino Unido le regaló a la Ciudad de Buenos Aires hace mas de 100 años y se parece al Big Ben).
Piruchero mira la copa del gomero y medita sobre su destino. Después de reflexionar un rato se paró y se dirigió hacia una PC. Frente a la plaza hay un locutorio que ofrece conexión a internet. Piruchero cruzó el único tramo de Florida vehicular y accedió al local. Pidió una máquina, compró una Pepsi Cola y se conectó a la red. Instintivamente tipeó la dirección de su website porno favorito (el gordo es un consumidor tenaz y compulsivo de pornografía on line).
9.
La Psicóloga pasó toda la noche en la sala de guardia del Hospital Fernández. A la mañana siguiente, el jefe del servicio de guardia, un médico joven que la cuido toda la noche, le sugirió que inicie un tratamiento para dejar su adicción a los químicos y le dijo que podía irse a su casa a descansar. En la guardia le dieron agua mineral, varios tés con mucho limón y le tomaron la presión arterial. La psicóloga saludó cordialmente a los médicos y a las enfermeras que la atendieron y a los otros pacientes que pasaron la noche con ella en la guardia y se fue. Todavía estaba un poco asustada y se sentía descompuesta (era la primera vez en su vida que llegaba en ambulancia a un hospital).
Decidió pasear un rato por Palermo y disfrutar la mañana antes de volver a su casa. Caminó en dirección a la avenida Las Heras y llegó hasta el Jardín Botánico. En el Botánico se sentó en un banco de madera cerca de la entrada de Plaza Italia y se puso a llorar.
Un rato mas tarde la licenciada llegó a su departamento y se preparó un baño de inmersión y un whisky doble sin hielo. Mientras se relajaba en la bañadera por su cabeza pasaron velozmente algunas escenas de la noche en el Morocco: las camareras travestidas, Los Fascinados por el Brillo, el yuppie elegante del Jaguar y su viaje en la ambulancia del SAME con respirador, suero y sirena estridente incluida (un moretón azulado en su brazo derecho indicaba la presencia reciente de una aguja).
Salió del baño envuelta en un toallón blanco y se dirigió a la chaise-longue que esta en una esquina de su consultorio (en ese mueble la lacaniana redacta habitualmente sus notas, lee y duerme siestas los días que atiende pacientes). Prendió su note book Sony-Vaio, abrió el Word-Pad y redactó notas sobre distintos tópicos.
sin-titulo.txt
Lunes:
- Pedir hora con la Dra. Masu: comentarle telefónicamente el episodio de anoche (necesito un nuevo tratamiento para moderar -controlar- mi consumo de pala).
- Pedir hora con el Dr. Mascolo: necesito análisis clínicos completos (sangre y orina).
- Averiguar horarios para retomar entrenamiento de Handball en Vélez.
Comprar en Disco: Botellón de agua mineral, Hamburguesas congeladas, Latas de choclo, arvejas y puré de manzanas. Queso Port Salut, Tapas de hojaldre para tarta, Crema de leche, Galletitas de salvado. Protectores diarios, Jabón, shampoo y crema enjuague, Esmalte para uñas, Desodorante, Papel higiénico.
Pagar: Telecom y Aguas Argentinas.
Consultorio (lista de pacientes): 14.40 hs: HighToro. Paciente nuevo! / 15.40 hs: Piruchero (reclamar honorarios adeudados) / 17.40 hs: Ernesto Sábado / 19:00 hs: Rebecca Milans.
Redactar nota sobre identidades alternativas para el editor de "La Neurosis" (entregar SIN FALTA lunes a la noche!!).
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Título provisorio: El nick, una ilusión del yo.
Entre los usuarios de internet hay una tendencia cada vez mayor a confundir las identidades verdaderas o civiles con los nicks. La identidad de un individuo esta registrada en el Registro Civil y sobre la base de ese registro las autoridades expiden distintos tipos de documentos para que los ciudadanos se identifiquen: Cédula de Identidad, Documento Nacional de Identidad y Pasaporte. Un nick es una identidad alternativa o seudónimo virtual que utilizan los usuarios de internet para registrarse en distintos servicios on line (correos electrónicos, sistemas de publicación personal -web logs o bitácoras-, sistemas agregadores de noticias, mensajería instantánea o pagers, salas de chat y sistemas de comentarios, entre otros).
Muchos analistas e investigadores han señalado que hay una tendencia mundial a confundir o sustituir la identidad real por la identidad virtual en muchos usuarios. Estas sustituciones o confusiones evidencian un nuevo tipo de neurosis emparentada con el consumo indiscriminado de internet (conducta adictiva).
Según Pierre Bourdieu el nombre propio es el certificado visible de la identidad de su portador a través de los tiempos y de los espacios sociales, el fundamento de la unidad de sus manifestaciones sucesivas, y de la posibilidad socialmente reconocida de totalizar estas manifestaciones en registros oficiales, curriculum vitae, antecedentes penales, necrología o biografía, constituyen la vida en totalidad finalizada por el veredicto emitido sobre un balance provisional o definitivo. "Designador rígido" el nombre propio es la forma por antonomasia que llevan a cabo los ritos de institución: la nominación y la clasificación introducen divisiones tajantes, absolutas e indiferentes a las particularidades circunstanciales en la fluctuación y flujo de las realidades biológicas y sociales.
Un nick no implica ningún registro ni institucionaliza una identidad (aun nadie se tomo el trabajo de realizar un registro mundial de nicks en la internet y esa empresa es tan utópica como inabarcable). Un nick no es de ninguna manera un "designador rígido" ni intenta provocar divisones en los flujos o fluctuaciones de ninguna realidad biológica o social.
En general los usuarios geeks son más propensos a confundir las identidades reales con los nicks, en mayor medida que los usuarios que poseen algún tipo de formación humanística. La literatura y la filosofía nos relacionan con ficciones (relatos ficticios, imaginarios o fantásticos) en las que podemos encontrar verdades universales. Las diferencias entre ficción y realidad en muchos casos son muy difíciles de poner en evidencia, pero existen. Los nicks siempre se ubican en una esfera irreal o ficticia, en cambio los nombres propios de los redactores quienes usan esos nicks se ubican en el mundo real. Los nicks no poseen sexualidad y esta es otra característica central de estas identidades alternativas que provocan equívocos y enredos (en muchos casos humorísticos).
La psicóloga releyó la nota un par de veces y dio por concluido su trabajo. No quedó conforme; pensó que ese artículo podría estar mejor redactado, podría citar mas bibliografía y mejores ejemplos, pero estaba cansada y aburrida de pensar en la internet. Se sirvió otro whisky doble y puso en la bandeja giradiscos un vinilo de Los Shakers.
10.
Piruchero fue a buscar su Peugeot 405 gasolero a la playa de estacionamiento, pagó el ticket en la caja y se dirigió hacia el norte, por Avenida del Libertador. El marcador de combustible le indicó que el gas oil se estaba por acabar.
- Bienvenido a la Esso, le dijo una chica sonriente que luce una gorrita con vicera y un uniforme rojo con vivos blancos. Mientras la chica le carga el gas oil y le limpia los vidrios del Peugeot, Piruchero fue hasta el shop. El shop tiene aire acondicionado, unas pocas mesas con sillas fijas; al lado de las cajas esta el kiosko con las golosinas y las galletitas, la maquina de café, las salchichas giran arriba de de unos cilindros de acero y al lado de las salchichas están las hamburguesas con sus condimentos, más atrás hay una heladera enorme con un montón de puertas vidriadas que exhibe gaseosas, cervezas, jugos, yoghuts y sandwiches (empaquetados en blisters de plástico transparente); en la mitad del salón hay una góndola con diarios, revistas y productos para automóviles (franelas, cepillos y líquidos), y atrás de todo están los vinos y los licores.
Piruchero se acercó sigilosamente hasta el sector donde están los whiskys y agarró una botella de Johnnie Walker etiqueta roja de tres cuartos. En un movimiento rápido se la metió adentro del saco. El gordo miró de reojo hacia las cajas y siguió caminando por el salón, haciéndose el distraído. Nadie vio nada. Se acercó al kiosko, eligió un paquete de pastillas D.R.F de mentol, lo pagó y salió rápido del shop. A la chica de la playa le dejó una moneda de un peso de propina, se subió al Peugeot y se fue por la avenida Figueroa Alcorta en dirección a Palermo. En el primer semáforo rojo que lo detuvo, Piruchero sacó un vasito de plástico descartable de la guantera del Peugeot y se sirvió un whisky.
El gordo pasea feliz por Palermo tomando scotch. Piensa en la Psicóloga. En un rato tiene sesión y está un poco nervioso. Piruchero mira por enésima vez el reloj, prende la radio y sintoniza la señal de Metrodance -95.1 FM-, donde suena una versión remixada de Dear Prudence.
Estacionó su Peugeot gasolero en frente a la plaza donde estuvo construida la penitenciaria (Av. Las Heras y Coronel Diaz). El remisero está ansioso. Aun le resultan novedosas, extrañas y excitantes las sesiones de su tratamiento psicoanalítico. Prefiere no acordarse de la ultima sesión, porque si se acuerda se calienta y no quiere llegar al consultorio de la Psicóloga con el pene duro.
El gordo camina por Coronel Diaz y habla solo. Vio una lata de Pepsi tirada en la vereda y sin pensarlo, al mejor estilo Maradona, le pegó un derechazo, con tanta mala suerte que la lata impactó en el culo de una elegante señora cuarentona, vestida con un trajecito beige y tacos, que caminaba unos metros adelante de él. La dama se dio vuelta con cara de odio y lo miró. El gordo puso cara de nada, señaló sutilmente a dos adolescentes que estaban encadenando un scooter a una columna de alumbrado y apuró el paso. Piruchero llegó a la puerta del edificio donde funciona el consultorio de la Psicóloga agitado y tocó el timbre del sexto piso “B”.
11.
Piruchero entró al consultorio, saludó a la psicóloga y se acostó en el diván. Durante los primeros cinco minutos de la sesión se dedicó a mirar el techo (el cielorraso del consultorio está pintado de blanco). Por la cabeza del remisero pasaron palabras, frases, ideas e imágenes pero no habló. Cuando paseaba por Palermo había preparado una estrategia para la sesión, pero como ya le había pasado en otras oportunidades, cuando se acostaba en ese diván sus estrategias discursivas hacían agua. El color blanco del cielorraso, el perfume cítrico de la psicóloga y los ruidos de la avenida Las Heras que se filtraban por la ventana lo hacían reflexionar en otra dirección. O en ninguna dirección. A veces se perdía en disgresiones sin sentido.
- Cómo pasó estos días?
- Bien...
Entonces ocurrió lo que Piruchero temía que podría ocurrir. Las imágenes de la última sesión volvieron con fuerza y nitidez a su cabeza: la psicóloga sacándose el corpiño y la bombacha, la psicóloga invitándolo a penetrarla, la psicóloga clavándole las uñas mientras gemía y lo cabalgaba con frenesí. A pesar de sus intentos de autoreprimirse el Piruchero no pudo evitar una erección fenomenal. La erección fue tan vigorosa que el pantalón de su traje, a la altura de la bragueta, se convirtió en una carpa.
- Señor Piruchero, así no podemos trabajar... por favor, pase al toilette y lávese la cara con agua fría.
- Discúlpeme licenciada... no fue mi intención... ya voy...
El remisero se levantó avergonzado y se dirigió al toilette. En unos minutos regresó y se acostó otra vez en el diván.
- Usted sabe que yo nunca tuve relaciones sexuales con una mujer. Muchas veces me masturbe mientras chateaba con fanaticadelapija, pero siempre tuve dudas de la sexualidad de ese nick... mis amigos del chat sospechan que es un travesti porque siempre esta dispuesta a conversar sobre sexo y le gusta hacer que la gente se caliente. Sabe una cosa... yo nunca me imagine que el sexo fuera algo tan... tan...
- tan que?
El remisero se acomodó en el diván y se aflojó la corbata.
- Tan húmedo. Creo que me enamore de usted.
- Usted sabe muy bien que no es normal que una persona de cuarenta años no haya mantenido nunca relaciones sexuales. Creo que esta terapia puede ayudarlo a encontrar los motivos que le dificultan o impiden relacionarse con las mujeres. Si usted identifica esos motivos, quizás pueda relacionarse con las mujeres de otro modo. Yo pienso que usted podría tener sexo con mujeres si modifica algunas conductas.
El remisero intenta buscar el significado de las palabras de su terapeuta y piensa en una novia que tuvo a los quince años cuando iba al colegio secundario, piensa en las tetas de la telefonista de la agencia, que en verano usa remeras escotadas sin corpiño, piensa en la cajera del supermercado Disco, con la que intercambia unas palabras casi todos los días, piensa en fanaticadelapija y en las fotos de los websites porno, se imagina entrando a la agencia de la mano de una de esas modelos exuberantes y supersexys, ante la mirada atónita de sus compañeros de trabajo.
- Hábleme de su mamá.
- Mamá cocina muy bien- dijo el gordo automáticamente. Yo la voy a visitar todos los domingos y siempre me prepara milanesas con puré o ravioles con tuco… ravioles de verdura con acelga y seso; los amasa ella... los ravioles de mi vieja son una masa…
La lacaniana toma apuntes del monólogo del remisero mientras se mira las uñas (piensa comprarse un esmalte color salmón que vio en la perfumería del shopping).
- Mi mamá siempre se ocupó de nosotros... de mi hermano y de mí, porque mi papá murió muy joven, cuando yo tenia cinco años. Carloncho es mas chico que yo, ahora tiene treinta y siete. El esta casado, tiene dos hijos y nunca tuvo dificultades con las mujeres... siempre tuvo amantes y una vez por semana va al sauna con sus amigos del fútbol.
- Una vez mi cuñada lo pescó en la cama matrimonial con una chica menor de edad y lo amenazó con hacer la denuncia en la justicia. Pero no paso nada, son un matrimonio normal, van al cine los sábados y los domingos van a Luján; mi hermano hace un asado y después de almorzar van a visitar a la basílica. Carloncho siempre me trató de anormal, igual que mis compañeros de la escuela secundaria y mis compañeros de la agencia… la verdad es que me tratan de puto porque nunca me ven con mujeres. Yo nunca tuve novia, pero nada que ver… Puto las pelotas!
- A mí me gustan las chicas, pero soy muy tímido y me da vergüenza encararlas. Mi mamá siempre me dice que salga, que vaya a bailar, que soy buen mozo y simpático, y que alguna se va a enamorar de mí... pero bueno, hasta el día de hoy ninguna chica se enamoro de mí... o si... una vez una pasajera me pidió el teléfono y me escribió unas cartas de amor, fuimos al cine un par de veces, pero nunca me animé a tocarla, ni le di besos, ni le agarre la mano... yo creo que se aburrió de mí. Después no me escribió ni me llamo más.
- Pero no todas las chicas son buenas... usted sabe licenciada, algunas solo quieren casarse para que uno las mantenga... y otras son mas putas que las gallinas. A mi no me gustaría tener una novia y enterarme que se la coje otro tipo... mi mamá siempre me dice que las chicas de ahora no son como las de antes. Mi mamá se casó virgen, ella no me lo dijo, pero yo estoy seguro. Bueno... casi seguro. Siempre lo respeto a mi papá, nunca hubo otro hombre en su vida.
- Yo viví con ella hasta el año pasado... no nos peleamos, pero un día me dijo: Piru... ya estas grande, tendrías que alquilarte un departamento y vivir solo. Al principio me enojé un poco con ella, pero después la entendí y me alquilé el departamento, donde vivo ahora. Yo la llamo por teléfono todos los días, la voy a visitar los domingos y le llevo la ropa sucia para que me la lave porque ella tiene un lavarropas automático y además me plancha las camisas.
Piruchero se incorporó y se sentó en el diván. Miró a los ojos a la Psicóloga y le dijo:
- Usted se enamoró de mí?
- Señor piruchero, le pido por favor que no se confunda. Considere que lo que sucedió durante la última sesión es parte de este tratamiento psicoanalítico. Yo no estoy enamorada de usted, ni nunca voy a estar enamorada de usted. Usted es mi paciente. Existen códigos de ética profesional. Yo utilizo metodologías de análisis experimentales y mi iniciativa de pasar a la acción fue con el único objetivo de provocarle un shock emocional-sexual, cuya finalidad fue estrictamente terapéutica.
- Yo estoy comprometida con su salud mental y con este tratamiento. Creo que por hoy es suficiente y vamos a dejar. Antes de que se vaya le voy a decir algo para que lo piense durante la semana y lo conversemos en la próxima sesión: si usted quiere avanzar y profundizar esta terapia, usted tiene que venir aquí a enchastrar a su mamá... me entiende? Usted la tiene idealizada. Recuerde las cagadas que se mandó con usted cuando era chico o cuando era adolescente y me las cuenta en la próxima sesión, OK?
Ah! me olvidaba... hoy me va a cancelar los honorarios que me adeuda?
El remisero puso cara de nada, se paró y se acomodó el traje.
- Le prometo que la próxima sin falta le cancelo... La agencia todavía no nos pago la ultima quincena.
- Por favor Piruchero, si la próxima no cancela su deuda no hay sesión. Hasta la semana que viene y que la pase bien!
El gordo salió del consultorio aliviado y confundido.
- Quién carajo es esta atorranta para pedirme que enchastre a mi vieja? A mí me parece que lo único que le interesa a esta licenciada es la guita... la guita y la pija... tiene razón Carloncho... las minas son todas putas-. El gordo hablaba solo mientras caminaba por Coronel Díaz. Caminó hasta el shopping Alto Palermo y entró al McDonalds a comerse una hamburguesa completa (se compró el combo que trae papas y gaseosa grande).

¿te interesan las opiniones? dijo
me ha gustado mucho la historia y el estilo, aunque el desenlace me ha parecido flojillo
22 Septiembre 2005 | 01:27 PM